Li Beirut...


Beirut, 13 de julio. Toda la noche escuché los aviones que susurraban al sobrevolar el Mediterráneo. Durante horas se veían estas naves, como luciérnagas, vigilando Beirut; probablemente esperaban que amaneciera porque fue entonces cuando descendieron.
Primero fueron a la pequeña localidad de Dweir, cerca de Nabatiya, en el sur de Líbano, donde un avión israelí soltó una bomba sobre el hogar de un clérigo chiíta local. Lo mataron, al igual que a su esposa y a ocho de sus hijos. Uno quedó decapitado. Todo lo que se encontró de un bebé fue la cabeza y el torso, los cuales un joven furioso levantó delante de las cámaras de televisión. Luego los aviones visitaron otro hogar en Dweir y mataron a una familia de siete.
Fue un comienzo muy enérgico del día dos de la más reciente "guerra contra el terror" de Israel, conflicto que usa mucho del mismo lenguaje y algunas de las mismas mentiras que la "guerra contra el terror" de George W. Bush.
Llegó al flamante y costoso nuevo aeropuerto internacional de Beirut poco antes de la seis de la mañana, al tiempo que pasajeros se preparaban a abordar vuelos a Londres y París. Desde mi casa oí los F-16 que aparecieron de pronto sobre las nuevas pistas y dispararon una ráfaga de cohetes con la que levantaron 20 metros de asfalto e hicieron volar por los aires toneladas de concreto en una explosión masiva. Esto ocurrió poco antes de que un bote artillado israelí tipo Hertz disparara contra las pistas de aterrizaje. Dos de los nuevos Airbus de Middle East Airlines quedaron intactos, pero en minutos el aeropuerto quedó desierto, pues los pasajeros huyeron para refugiarse en sus hogares y hoteles.
ROBERT FISK THE INDEPENDENT

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