Tayasal

...otro indio llamado Andrés Chi incitaba a los demás para que fueran a los montes de su Provincia y veneraran a los idolos...

Friday, July 21, 2006

La ciudad de bronce



Cuando hubieron admirado todo aquello, pensaron en volver sobre sus pasos, y he aquí que sintieron la tentación de llevarse un tapíz inmenso de seda y oro que cubría una de las paredes de la sala. Y detrás del tapíz vieron una gran puerta labrada con finas marqueterias de marfil y ebano, y que estaba cerrado con cerrojos macizos, sin menor huella de cerraduras donde meter una llave. Pero el jeique Abdossamad se puso a estudiar el mecanismo de aquellos cerrojos y acabó por dar con un resorte oculto, que hubo de ceder a sus esfuerzos. Entonces la puerta giró sobre si misma y dió a los viajeros libre acceso a una sala milagrosa, abovedada en forma de cúpula y construida con un mármol tan pulido, que parecía un espejo de acero. Por las ventanas de aquella sala, a través de las celosías de esmeraldas y diamantes, filtrabase una claridad que iluminaba los objetos con un resplandor imprevisto. En el centro, sostenido por pilastras de oro, sobre cada una de las cuales había un pajaro con plumaje de esmeralda, erguiase una especie de oratorio adornada con colgaduras de seda y oro...

El emir Munza y sus acompañantes subieron por las gradas del oratorio, y al llegar a la plataforma se detuvieron mudos de sorpresa. Bajo un dosel de terciopelo salpicado de gemas y diamantes, en amplio lecho construido con tapices de seda superpuestos, reposaba una joven de tez brillante, de parpados entornados por el sueño tras unas largas pestañas combadas, y cuya belleza realsaba con la calma admirable de sus facciones, con la corona de oro que ceñia su cabellera, con la diadema de pedrerías que constelaba su frente, y con el humedo collar de perlas que acariciaba su dorada piel. A derecha e izquierda del lecho se hallaban dos esclavos, blanco uno y negro otro, armados cada cual con un alfaje desnudo y una pica de hacero. A los pies del lecho había una mesa de marmol, en la que aparecían grabadas las siguientes frases:

¡Soy la virgen Tadmor, hija del rey de los Almanecitas, y esta ciudad es mi ciudad! ¡Puedes llevarte cuanto plazca a tu deseo, viajero que lograste penetrar hasta aqui! ¡Pero ten cuidado de poner sobre mi una mano violadora, atraido por mis encantos y por la voluptuosidad!




















4 Comments:

At 4:44 PM, Anonymous Anonymous said...

Es una agonia no tener noticias tuyas, se que no soy la mujer ideal ni lo que mereces, pero te extraño y empiezo a necesitarte. En donde estas...me hacen falta tus correos...no me dejes sin decir porque...

 
At 10:42 AM, Anonymous Anonymous said...

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At 8:23 PM, Anonymous Anonymous said...

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